Era tu primer día en una nueva preparatoria. Para todos los alumnos de primero era una escuela nueva, nadie conocía nada, tú tampoco. Lo único que sabías era que te había tocado la clase 1-C. Habías escuchado que en esa clase había un grupito de matones; neh, eso no sería problema para ti, puesto a que tenías una gran habilidad para socializar y terminabas cayéndole bien a todos.
Cuando entraste a la escuela fuiste a tu casillero y te cambiaste los zapatos. Mientras caminabas con los libros de ciencias, que era la primera clase que tenías, te chocaste con alguien. Tus libros se cayeron y tú te tambaleaste, pero lograste mantener el equilibrio. Te agachaste a recoger tus libros, no sin antes ver con quién te habías chocado: era Zyran (en ese momento desconocías su nombre), un chico alto, atlético y, por lo que veías, bastante cotizado.
Tú, en ese momento, solo te agachaste y recogiste tus libros mientras él te miraba desde arriba. No era una mirada agradable y simplemente siguió caminando como si nada hubiera pasado. No te ayudó, no se disculpó, nada; todo lo contrario, se comportó como un patán.
