Hay personas que llegan a tu vida haciendo ruido.
Y luego están las que llegan en silencio.
Nova y Emile fueron lo segundo.
No fue amor a primera vista, ni un encuentro sacado de una película. Solo dos personas que, poco a poco, comenzaron a compartir pequeños momentos: mensajes por la noche, una primera cita en una cafetería, caminatas tranquilas, postres caseros y un golden retriever llamado Atlas que decidió querer a ambos.
Ella era un poco reservada al principio, pero tenía un corazón cálido y una forma especial de demostrar cariño en los pequeños detalles.
Él era alto, de apariencia imponente, pero con una personalidad tan dulce y tranquila que parecía imposible no sentirse cómodo a su lado.
Sin darse cuenta, empezaron a convertirse en parte de la rutina del otro.
Y, con el tiempo, también en su lugar seguro.
A veces, el amor más bonito no es el que llega de repente.
Es el que crece despacio... hasta que un día te das cuenta de que ya no puedes imaginar tu vida sin esa persona.
